Daniel Bernoulli y la vis viva
Daniel
Bernoulli (1700-1782) fue un gran hombre: matemático, físico y médico suizo. Se
le conoce por sus grandes contribuciones a la sociedad, entre la que destaca lo
que llamó la Hidrodinámica, que es aquella parte de la dinámica
que estudia el movimiento de los líquidos en relación con las causas que lo
originan.
Fue hijo de Johann, quién
se dedicó en cuerpo y alma a las matemáticas aplicadas. Fue el científico que
enunció la famosa ecuación que lleva el apellido de la familia. En ella se
describe el comportamiento de un fluido moviéndose a lo largo de una corriente
de agua.
Johann, además de ser el
padre de Daniel, fue su profesor por largos años. En una ocasión, el despiadado
profesor dio a su hijo un problema difícil de resolver. Tras horas de estar
intentando, el joven magister terminó resolviéndolo.
El profesor Bernoulli era
insensible, así que no elogió a su propio hijo por hacer gran hazaña, sin
embargo, compartió con su hijo todo aquello que sabía sobre Filosofía natural y
Matemáticas.
En otra ocasión, el
catedrático comenzó por describirle una nueva idea que resultaría ser un punto
crítico para la carrera del joven Daniel, se trataba de la energía.
En el siglo XVIII no era
llamada como tal: energía. Gracias a Leibniz, otro maravilloso científico que
aportó en esta idea, el viejo Bernoulli decidió nombrarla vis viva
(fuerza viva en latín) porque parecía que era algo que poseían los objetos que
en cierto modo estaban animados.
Se llegó a la conclusión
de que la vis viva era una especie de combustible invisible que tenían
los cuerpos y objetos. Por poner un ejemplo, una pelota lanzada al aire,
conforme ganaba altura, decrecía su vis viva, al caer, aumentaba.
¿Te has preguntado si tú
y yo tenemos vis viva?
La respuesta es, sí. Todos tenemos fuerza viva. Matemáticamente es posible calcularla con una fórmula. En contraste a esto, hay una fuerza dentro de nosotros, sí, una energía más viva aún y está no se puede medir mediante fórmulas, es una fuerza abstracta.
Dentro de nosotros hay un
combustible que hace movernos, que nos permite concluir una tarea, un logro, un
objetivo claro, una meta a corto o largo plazo. Ese combustible invisible, es
el amor, la amistad, la pasión, la familia, tu pareja sentimental, Dios
[…] Toda la energía se transmite, cabe
aclarar que también hay vis viva negativa. ¿Qué energías quieres
transmitir tú?
Como en el caso comentado,
la pelota es el objeto y a ella se le transmite energía. En nuestro caso,
nosotros somos el objeto (nos transmiten energía) y a la vez somos energía
también (transmitimos a terceros). Es importante transferir energías positivas
a nuestro prójimo, así también el transmite esa buena vibra y contagia a
alguien más de alegría, amor, amistad, confianza, etc. En cambio, si nuestras
fuerzas son odio, rencor, procrastinación, soberbia, egoísmo…nuestra sociedad
estaría llena de vis viva mala, de vis muerta.
Cada individuo posee ese algo que nos pareciese que estamos animados, definitivamente hay muchas cosas que nos animan y hay sucesos que nosotros hacemos para animar a los demás. Aquí lo que habría que preguntarnos es: ¿Qué tanta vis viva tienes? ¿Cuánta transmites y que tipo de vis viva transmites a los demás?
~ JAG
Comments
Post a Comment