La importancia de intentarlo.
Imagina que son las 10 de la mañana y tienes una salida en
el aeropuerto al otro lado de la ciudad a las 12 del mediodía. Te dicen que, si
sales justo ahora, las posibilidades de que llegues a tiempo son del 80% contra
el 20% de que llegues tarde.
La mayoría de nosotros nos aventuraremos por salir en ese
momento, aún y cuando haya un 20% de probabilidad de que lleguemos tarde.
Si cambiamos las condiciones y ahora hay un 20% de que
llegues temprano contra un 80% de que llegues tarde, ¿te arriesgarías a salir a
pesar de que hay una gran posibilidad de que llegues tarde?
Tal vez la mayoría de nosotros pensemos en mejor quedarnos
en casa y llamar a la aerolínea para cambiar el vuelo, porque no nos gusta
preocuparnos y mejor pasamos el fin de semana tranquilos, ya después tomamos el
vuelo, pero llegaríamos a estas conclusiones creyendo que tomamos el camino
correcto de la probabilidad ya que, ahí están los números, es obvio que hay
mucha más posibilidad de llegar tarde que de llegar temprano, pero es porque
atacamos al problema desde un enfoque incorrecto.
Qué pasa si cambiamos la pregunta a: Si no lo intentas,
¿Cuánta probabilidad hay de que llegues temprano al vuelo?
Ya sea que hayas decidido no ir en el primer o segundo
caso, tus probabilidades de no llegar al vuelo, de fallar, inmediatamente se
volvieron un 100%.
Perdemos todas las oportunidades que no tomamos.
Esto es porque nos dejamos llevar por los sentimientos, por
la preocupación, creemos que lo peor que puede pasar al intentarlo y no
lograrlo, será un escenario catastrófico que nos arruinará toda la semana, el
mes y el año y ya nunca jamás seremos felices en nuestras vidas, pero si en
realidad nos paramos cinco minutos a reflexionar sobre lo que en verdad puede
pasar y no lo logremos, es que, en verdad, no puede pasar mucho, solo que
hayamos pasado 40 minutos sentados en nuestro coche escuchando nuestra música favorita.
Es por esto que siempre, la mejor opción es intentarlo, y
no de una manera emocional, sino de una forma racionalizada y bien pensada,
porque sabemos que, aunque haya un 20% de probabilidad de llegar temprano, si
no lo intentamos, no habrá ninguna.


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