Quisiera platicarles de mi experiencia estas últimas dos semanas en el Centro Universitario Roda. Pero antes voy a contarles cómo es que llegue aquí.
Actualmente curso 4to semestre en la
Facultad de ingeniería Mecánica y eléctrica y la Facultad de Medicina, la
carrera de Ing. Biomédico. No soy un estudiante excepcional, si bien no me va
mal en las clases tampoco tengo las mejores calificaciones, se podría decir que
soy un estudiante promedio.
Una vez, una profesora nos dijo que lo que
estaba mal de los egresados de FIME era que la mayoría entraban sin
conocimientos y que salían de la misma forma. La verdad que no le tome mucha importancia, pero
ya estando en 4to semestre y recordando
sus palabras, me pongo a pensar sobre mi avance en la facultad y no me siento
diferente a la persona de hace 2 años que empezó la carrera. Muchas de las fórmulas que vi y que me aprendí
para “pasar el examen”, de alguna forma no las recuerdo del todo bien,
de ahí la frase que muchos estudiantes dicen “eso lo vi desde segundo semestre
yo ya estoy en cuarto”. Realmente, solo buscamos pasar las materias y
esperamos que al graduarnos conseguiremos un buen trabajo con una buena paga. Pero
creo que hemos ido perdiendo esas ganas por aprender y salir de la facultad con
el conocimiento necesario que te haga merecedor de ese título tan anhelado.
Hace unos meses mi padre me comento acerca
de una beca universitaria, me dijo que me pagarían por estudiar, siempre y
cuando mantuviera un buen promedio y otras obligaciones. Claro que al principio
le dije que no, la verdad se me hacía muy cómodo solo asistir a mis clases y al
mismo tiempo, pasármela en mi cuarto jugando videojuegos. No tenía que rendirle
cuentas a nadie y solo me preocupaba por pasar las materias que menos me
interesaban. Ahora me doy cuenta que, de seguir en ese camino, hubiera salido de la facultad de
la misma manera que nos había comentado la maestra hace tiempo atrás.
Por alguna razón que desconozco, me di
cuenta que lo que estaba haciendo hasta ahora no me iba a llevar a ningún lado.
Si bien, tenia metas pero las seguía aplazando. Así como cuando dejas todo a
última hora y andas al final todo apurado por terminarlo. Y estar en mi casa no
ayudaba en nada, así que decidí cambiar eso y apliqué para la beca, aunque
sabía que no sería fácil.
Me presenté y me di cuenta que no era el único, éramos un total de 28 personas que la queríamos
conseguir. Al final solo
7 personas logramos quedar en el programa. Sinceramente no esperaba ser
aceptado, yo con 22 años y ya en 4to semestre de alguna forma sentía que me
restaba puntos. Recuerdo comentarle a mi padre ese día que si lograba
quedar era porque era el camino que
tenía que seguir, e iba a dar lo mejor de mí. Vaya mi sorpresa cuando me dicen
que si fui aceptado a ser parte del programa.
El primer día que llegue al roda nos
pusieron a leer un libro que se titulaba “Lo que hacen los mejores
estudiantes de universidad”. Si bien no era el primer libro que había
leído, si era la primera vez que me sentaba a hablar sobre lo que nos parecía
ese primer capítulo y a reflexionar sobre que quería comunicarnos el autor.
También tuvimos varias pláticas de
diferentes personas sobre su definición de éxito y como llegaron a donde habían
llegado. Descubrimos la filosofía y las humanidades y como estas se relacionan con nuestros
estudios. Y algunos días, también veíamos películas y reflexionábamos sobre
ellas.
Si bien podría sonar como algo común, el
hecho de vivir esta experiencia, conocer nuevas personas y los diferentes
libros y temas tratados, me dejaron con
un hambre muy grande. Un hambre por querer aprender más y aspirar a ser una
mejor persona. De aprender a aprender. De saber ponerse metas y distinguir los objetivos
que tenemos en la vida, de quienes somos y a donde vamos, y que haremos para
lograr dicho fin.
Sin duda estas últimas 2 semanas fueron un
cambio de 180 grados en mi vida, realmente estoy agradecido con mi padre por
haberme comentado acerca de este proyecto, que si no fuera por el no estaría
aquí.
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