El valor de comenzar.
Hace una semana estaba platicando con mis compañeros del Roda sobre lo que estaban haciendo para su investigación semestral y comentaron que ya habían empezado a contactarse con algunos profesores para que fueran sus asesores. Algunos de ellos ya habían elegido hasta el tema, esto me metió algo de presión y para ser sinceros, algo de miedo.
Sentí miedo por dos razones, la primera fue que yo no tenía claro por dónde comenzar, mi problema aquí, fue que sobrepensaba mucho las cosas. Si yo veía algún tema que me gustaba, me empezaba a poner obstáculos a mí mismo. Me empezaba a cuestionar de una manera atacante y excesiva si el tema no era tan bueno para una investigación o llegaba a los extremos de decirme que yo no era tan buen estudiante como para hacer una investigación sobre eso, cuando yo ni siquiera había hecho ninguna investigación antes. Era claro que mi primera investigación no iba a ser tan buena como una a nivel profesional.
Y la segunda razón o pensamiento que pasaba sobre mi cabeza cuando ya tenía un tema que me gustaba, era que yo sentía que no podía mantener el ritmo para sacar el artículo adelante durante estos 3 meses próximos. De nuevo, cuando yo ni siquiera lo había intentado.
Aquí me di cuenta que necesitaba ayuda, y tuve dos grandes maestros a mi alcance, el primero fue un maestro del Roda y el segundo, mi papá .
Aprovechando que estaba en el Roda y me surgió la duda, fui con el profesor. Empezamos a platicar y le expliqué mi situación.
Para empezar, agradezco mucho la forma de ser de este maestro porque es muy claro, directo, y le tengo mucha confianza. Él me dijo lo obvio para mi cabeza, pero no para mis oídos. Me explicó, que estaba más que claro, que en mi primera investigación no iba a salir un artículo de premio nobel. Ellos, lo que buscaban, no era que de primera intención fuéramos los mejores investigadores del mundo y nos hiciéramos SNI 3, ellos buscaban fomentar el hábito de la buena investigación.
Esto yo de alguna u otra manera ya lo sabía, pero no fue hasta ese momento que me aclaró la mente este profesor, que me di cuenta de que podía hacer una buena investigación con cualquier tema que haya visto en la carrera.
Después, ese mismo día, pero en la noche, platiqué en la cena con mi papá sobre varias cosas, entre ellas, el tema del miedo a comenzar la investigación y cómo el profesor me había ayudado, pero yo seguía con la inquietud de no saber si iba a mantener el ritmo.
En ese momento, mi papá me comenzó a explicar el porqué es malo querer comernos el pastel de un mordisco, hay que saber degustarlo, partirlo, saborear todas sus partes, desde la base acaramelada hasta la última cereza. Fue cuando entendí que yo aún no había comenzado el artículo y ya estaba pensando en cómo iba a salir mal.
El siguiente día me di cuenta que tenía todos los elementos para hacer una buena, o por lo menos decente, investigación en la rama de las matemáticas.
Entendí que sí, todos tenemos miedo de comenzar, eso es normal y está bien, porque es algo que te importa y le vas a dedicar tiempo, tiempo que no volverá. Sin embargo, aquí es donde se dividen las personas, los que desertan y ponen excusas para no hacerlo, o los que resisten, tratan de hacer su trabajo cada día mejor, con más dedicación. Tal vez estos últimos no lo hagan tan bien, tal vez salga una investigación, un pastel o un trabajo un poco crudo, pero ellos lo están haciendo. Estas personas no es que no hayan tenido miedo de salir a poner su propia empresa a pesar de tener que mantener a sus hijos o que no hayan tenido miedo de arriesgarse a salir de su país e irse a otro lugar con gente que habla otro idioma y tiene otras costumbres. Ellos tuvieron miedo, pero se sobrepusieron, supieron controlar lo que ellos podían controlar y lo que no, lo dejaban a la oración.
No estoy diciendo que yo sea como esas personas, estoy diciendo que en el Roda, queremos ser como esas personas, que luchan y se esfuerzan a pesar del miedo y de cualquier obstáculo.


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