Todo está bien. Todo está mal.
“El idealismo solo consiste en considerar todo en su esencia práctica.” Algo abstracto como ideologismos traen consigo metas subyacentes. En lo ideal se considera a lo abstracto como la parte culminante de una pirámide. ¿Pero qué cosas abstractas están bien? Porque entre más abstracto es el fin, apunta a escoger una diversidad de metas y es aquí donde nos perdemos.
Hace unos días hablaba con un compañero respecto a la libertad de sexo. Por una parte, se defendía al homosexual y por otra al heterosexual. En un análisis descriptivo alguien defendía a lo sentimental y otro defendía a lo práctico. ¿Cuál es el colmo de la sexualidad? ¿Es la libertad? Hice así estas preguntas a propósito. Intercambia en las preguntas las palabras “sexualidad” y “libertad”. La libertad es algo más abstracto que la sexualidad, dado que la sexualidad, en función del idealismo, es lo práctico de la sexualidad una relación entre hombre y mujer, puesto que el propósito es fecundar para continuar el ciclo de vida humana. La extinción humana estaría en la punta de la sexualidad de aquellos hombres y mujeres que marcan la diferencia y hacen las preguntas al revés.
¿Pero qué está bien y qué está mal? La libertad está en todos lados y es de todos los saber y colores. Yo no voy a culpar a la homosexualidad de nada, porque en esencia lo práctico también es ordinario. Los técnicos en alguna especialidad están acostumbrados a ser “máquinas” en su trabajo, todo lo hacen en automático, porque es algo común para ellos. De hecho, si vas buscas empleo, lo más seguro es que estén contratando a hombres pragmáticos. Entonces cuando algo se rompe. ¿A quién llamamos? Cuando las cosas no funcionan hemos de buscar al pensador, para que analice en profundidad el desperfecto.
“Acusado de estar tocando el violín mientras arde Roma.” ¿Por qué algo está mal? ¿Se debe a los ojos que lo juzgan? Cuando alguien pensó en hacer que el hombre volara, muchos creyeron que estaba loco y era imposible. Aunque las críticas pesan, las ideas vuelan. Le debemos atribuir a las extravagantes metas lo que se tiene hoy en día.
Pero pensemos, por ejemplo, cuando se le asigna lo práctico a cualquier cosa, es decir a las alas de pájaro; como una cualidad propia para ellos y son solo para eso (es decir para volar). Aquel hombre que piensa en cómo trasladar esas propiedades para un beneficio humano, se le juzga de estar perdiendo el tiempo cuando algo más está “sucediendo”. El hombre esmerado en pensar para progresar, (esto último que es posiblemente el culmen del propósito humano) estudia, piensa y construye. Entonces ahora, cuando esta innovadora idea solapa la crítica, es cuando se dice: “está mal tocar el violín mientras arde Roma; pero está bastante bien estudiar la teoría hidráulica mientras arde roma”.
¿Entonces qué está bien?


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