Un universo incomprendido
Amo escribir, pero no me gusta pensar qué escribir.
Es algo extraño. Para explicarlo con un ejemplo un poco más cotidiano, es como una persona que ama ver películas o series, es decir, como cualquier persona en el planeta, pero que, no me dejarán mentir, pasa muchísimo tiempo pensando en qué ver, a veces hasta más tiempo del que le dedicas a disfrutar de esa película o serie. Es extraño y odioso. Un momento que no disfrutas para nada, porque no encuentras nada en ese gigantesco repertorio que tienes en la pantalla. A veces terminas rindiéndote y sin ver nada. “Ya veré algo más tarde” o “ya veré algo mañana”.
La escritura es como ver Netflix, Amazon Prime o Disney+. Tienes tanto repertorio en tu mente que no sabes de dónde sacar contenido, no sabes qué quieres poner en tu pantalla, si una película de acción, de suspenso, de romance o de comedia. Es gracioso y a veces desesperante. Y terminas diciendo lo mismo “ya escribiré algo más tarde” o “ya escribiré algo mañana”.
Lo mágico de la escritura es que, al igual que ver algo que te gusta, cuando decides sobre qué redactar un escrito, ensayo o artículo, los dedos vuelan y se disfruta más que cualquier filme, ya que no estás viviendo en la imaginación de alguien más. Tú estás creando tu propia historia, estás navegando en tu propia imaginación, surfeando en las olas de tus ideas. Tus manos fluyen y ves, como si fuera una corriente marina, como las letras de tu mente llegan a la pantalla o a la hoja en la que escribes. Ves cómo un pensamiento muy preciado se va convirtiendo en algo con estructura, con sentido, o tal vez no. Pero eso es lo mágico de escribir, es algo tan personal que, algunas veces, nadie más lo entenderá. Solo tú. Ese diálogo entre tú y la hoja en blanco. Solo ustedes dos saben perfectamente qué hay en las profundidades de ese mar de letras.
Volviendo al sentimiento de ‘qué escribir’, es algo que se practica. A nadie le gusta batallar, no tener problema en hacer lo que se quiere hacer y si lo tenemos, preferimos cambiar de actividad, hacer algo sencillo, o usar la misma fórmula que siempre usamos para hacer ‘eso’ que queremos hacer. Pero llega el punto en que nos cansa. No sé qué serie ver, entonces veré mi favorita, “la que nunca falla”. Pero llega un punto que hasta esa serie de la que no nos cansábamos, termina haciéndose repetitiva y, mínimo, necesitamos un descanso de ella para buscar algo más fresco. Toca encontrar qué, irnos a hacer otra cosa o que alguien más decida por nosotros lo siguiente que veremos.
Va a haber veces en las cuales pases un día entero viendo la hoja en blanco. Seco. Sin ideas. Con las manos congeladas por tu falta de ideas. Se practica el ser paciente más que el escribir. La escritura requiere paciencia, por eso amarla es algo fundamental a la hora de hacerlo. Al disfrutar lo que haces se torna, no menos fácil, pero sí más llevadero. No disfrutas la dificultad, pero sí el resultado. Eso es lo que inspira y motiva. Esa ambición de crecer en lo que te gusta hacer. Ver tus obras de arte, aunque sean solo para ti, genera una satisfacción inmensa y hasta un alivio. Pudiste plasmar la complejidad de tus ideas en otro lenguaje tan complicado como lo es la lengua humana. En palabras. Lo abstracto lo conviertes en algo concreto y entendible.
Ahí es cuando todo vale la pena. Cuando un sentir, que aunque solo haya durado unos pocos segundos, te da para escribir miles de palabras. Es donde te das cuenta de que la mente es mágica y única. Somos la creatura capaz de crear. La que puede volver algo intangible en algo concreto. La creatura complicada, pero la única capaz de crear belleza a partir de la nada, y también la que puede captar esa belleza.
La escritura es plasmar tu mente en papel. Por ende, la escritura es mágica y única. Complicada pero bella. A veces difícil de comprender, pero al hallarle el gusto se vuelve exquisita. Se convierte en algo que quieres hacer continuamente. Se vuelve una afición y hasta una diversión.
Escribir apasiona, se vuelve algo fundamental en el equilibrio mental. Ya que ves cómo está tu mente en todo momento. Es una forma de comprenderse. Escribir es autoconocimiento. Es descubrir tus deseos y anhelos más profundos. Tus secretos. Tus intenciones, metas y ambiciones en la vida.
Todo el mundo debería hacerlo. En vez de elegir qué película o serie ver, elige qué escribir. Poner la mente a trabajar y la paciencia a reforzar. La vida mejora al escribir. Tu mente se esclarece y aprendes a expresarte y a entenderte.
Hay que agradecer a la escritura por existir, por calmar nuestras mentes que se vuelven indomables de vez en cuando, agradecerle por permitirnos entender el mundo y, sobre todo, por permitirnos comprender el universo incomprendido de nuestras cabezas.
~Dica



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