Un cuento
Primera parte.
Todo se remonta a una villa de Ojedo, España, donde las colinas están cubiertas de frondosa vegetación, sin embargo lo que más destaca de las colinas de aquel lugar son sus impresionantes casas de madera, gigantescas, tal como mansiones. Es propio decir lo increíble y fantasioso que pueden ser por la complejidad que demanda construir con tremenda precisión semejantes moradas, a vista de relojero, se observa cómo se cuidó con sumo cuidado cada esquina y pulió cada astilla del hogar. Todo el que pase por allí —he dicho—, sentirá cierta fascinación ante aquellas casas, sentirá que aquellas casas tienen historia y así lo es.
Entre las hermosas calles coloreadas por los tonos rojizos del atardecer, colina arriba, se aprecia dos sombras. Una de un joven de cabellos desordenados y con maletín que, a juzgar de cerca, parece una bolsa de mandado. Pegado a él se mira la sombra robusta de un hombre considerablemente gordo, pero no lo suficiente como para decir que no puede tocarse la espalda, cargaba consigo un saco que parecía vacío. Ambos se dirigen a casa del antiguo propietario de industrias “Molddesture”.
Todo el pueblo parecía estar en pena por la partida del hombre enigmático que vivía en la culmen de la montaña. Quizá la pena se valía, pues no había esquina en la cual no sonara —que el señor esto y que el señor aquello—. Al presentarse en la puerta estos hombres fueron recibidos por una chica de tez completamente blanca y mirada aburrida, con figura ebria pero que imponía un fresco aire de educación. Ella abrió y en el instante que los quicios rechinaron, desde el interior de la casa surgió un soplido como si un coro de almas se interpusiera a que pasaran por el marco de la puerta. Fue poco notable, para nuestros amables e insípidos investigadores, que detrás de la sirvienta había un humano relativamente nuevo, pequeño y delgado como esas hojas que caen en otoño, y quien respondía al nombre de Joel.
Esa misma noche, durante la cena, fueron recibidos por su anfitrión Adam Abel, quien, con enérgica mirada, los saludaba a distancia, entre aquel mar de cabezas que estaban en el salón principal del hogar. Se hacía una fiesta como aquellas en las que se conmemora un nuevo hallazgo científico -aunque desconozco si en esos eventos todos usasen trajes finos y las damas vistieran con piedras preciosas sobre sus cuellos-. Los caballeros, por un lado, fumaban cerca de las ventanas del salón, mientras que las mujeres reposaban sobre la inmensa barra de bebidas.
Había un cierto ciclo en el cual los varones y mujeres cambiaban de posición como si se rotaran al son de la música. Este escenario era ideal para nuestras sobras del inicio, Max y Mailo comenzaron a mezclarse entre los demás invitados para conocer el motivo de la fiesta. Mailo era de una teoría en la cual pensaba que, si actuabas a conciencia de bribón, darías con este porque es como seguir sus propios pasos, y para ello buscaba en donde nadie más buscaría. Investigaría donde menos esperaría encontrar una pista porque por esos lugares poco visibles y transitados es donde suele estar el más oscuro secreto. Por su parte, Max tenía una cabeza fría y calculadora, la cual quedaba de acuerdo con su complexión delgada. Él fue el primero en entablar conversación con un círculo de damas, quienes por cierto aparentaban ser un grupo selecto, porque todas y cada una de ellas tenían el cabello del mismo color y colgaban un bolso de piel color rojo.
—Mi tío no me explica nada, ni siquiera sé qué hago aquí— dijo con voz baja y para sí mismo, mientras tropezaba con la espalda de una de las jóvenes chicas de este círculo.
—¿No será que usted es despistado?— respondió la chica mientras se volteaba y fruncía el ceño.
—Disculpe usted, pero tengo la cabeza en giras que no sé por qué me trajeron aquí— Mentira que no venía mal pues hay ocasiones en las cuales están abren puertas secretas—. ¿Al menos tendría la bondad de explicarme que sucede?
El interés que prestó el círculo a esta pequeña escena hizo que se desparramaran entre la paja de gente, dejando solo a estos dos en medio del salón platicando como si fuesen cualquiera de este poblado.
—Bueno, creo que lo que sucede es que su tío no le explicó quién es el dueño de esta casa- dijo la joven con voz despreocupada y caminando hacia una de las ventanas que quedaban mirando hacia la luna—, en vida era un hombre muy caritativo, ya que las escuelas nunca habían tenido comedores donde los alumnos pudieran comer al menos una vez al día. Las iglesias parecían francesas por sus ornamentadas columnas y sin contar la calidad de los utensilios religiosos, claro donaciones del enigmático hombre. Y ni hablemos de las presentes a las casas hogar, los niños recibían en sus cumpleaños regalos, eso sí, ninguno era olvidado.
—Parece que era un hombre muy rico, entonces es por eso la fiesta singular tipe...— pero fue interrumpido por la chica—. En realidad, así como sus aportaciones económicas desaparecieron, él también lo hizo.
Tan pronto como terminó esta frase, Mailo salió de entre la multitud, algo agitado, pero que aun así le dijo al oído algo a Max. Ambos se dirigieron al jardín de la casa, perseguidos por la chica. Se hallaban frente al cuerpo de Adam Abel.
Fin primera parte.


Ehh ya sube la segunda parte compare
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