CAPITULO 4

 Un camino diferente

Mientras ellos hablaban de cómo poder entrar al granero, recordé a mi madre. Yo nací a las afueras de California y lo único que sé es que mi madre biológica me abandonó en un lote baldío. Por lo que cuenta mi madre, mucha gente me vio, pero al ser un lugar muy pobre nadie quería recogerme, pues económicamente nadie podría mantener una boca más. 

Sin embargo, dice que ella no lo dudó, pues al estar soltera y tener un trabajo como maestra, no fue un problema para ella. Me recogió, bañó y me ha cuidado hasta la actualidad. Ella se  encargó de mi educación hasta la universidad, me fomentó valores y gracias a ello estoy donde estoy. En realidad es la razón por la cual quiero recuperar a mi madre a toda costa, pues tengo que regresarle todo lo que ella me dio.

Regresando a los que hablaban, ellos tenían un plan muy bueno. Lástima que faltaran cosas para realizar un plan así. De verdad se escuchaba fácil, pero al ver el granero lleno de gente armada, tuvimos que reorganizar el plan.

Acordamos que les ayudaría, y ellos me ayudarían a buscar a mi madre, pues tenían unas teorías sobre dónde estaría. El plan era atacar de noche, llegaría como una persona perdida y entrar. Debía atraer la atención de toda la gente armada y ellos entrar por la parte de atrás. ¿El plan funcionaría? Era lo que pensaba mientras ellos arreglaban lo que necesitaría, al carro le pusimos unas láminas de acero para que aguantara los balazos, en caso de que me disparen. 

Llegó la noche y yo llevaba una pistola de aluminio, pero parecía de verdad. El plan iba a comenzar. Camino allá me ponía a pensar que yo era la carne de cañón al estar en el carro, pero me sentía seguro en él. Al llegar a la entrada les comenté que estaba perdido, y que solo buscaba un lugar para acampar. Me pidieron el arma e inspeccionaron el carro, me dejaron pasar. Al estar en el otro lado improvisé, aceleré y me estrellé en un invernadero. Rápidamente llamé la atención de todos, continúe con mi desastre de improvisación, en cuestión de segundos escuchaba gritos y cómo daban órdenes de que me detuviera, empezaría una persecución.

Mientras entraba por los cultivos de trigo me dolía un poco, pues era trabajo de muchas personas, y recordé la frase de mi madre “El fin no justifica los medios”. Lo que estaba haciendo estaba mal y, ¿cómo sabría que ellos ya terminaron? Me llegaban tantas preguntas y dudas hasta que sentí un disparo en una llanta y la reventaron. Perdía velocidad, sabía que no llegaría lejos hasta que giré a la terracería. Seguí por el camino estrecho, viendo las camionetas detrás de mí, no se rendirían hasta capturarme. La llanta ya no se sentía, pues, en las vueltas, el carro se coleaba. Tenía miedo de lo que me podrían hacer estas personas que secuestraban, ¿volvería a ver a mi madre? Mi cabeza se llenaba de preguntas, ¿de  verdad aproveché mi vida? 

No quitaba la vista del camino, cada vez sentía más pesado el carro y la llanta de atrás no daría para más. De pronto vi la autopista y me incorporé, pero al girar me estrellé contra un árbol. Escuchaba cómo se frenaban las camionetas y al poco tiempo cómo discutían que me llevaran al granero, pero me abandonaron. Empecé a sentir un calor muy fuerte estaba sudando demasiado la vista se me nublaba , el carro estaba incendiándose, con la poca fuerza que me quedaba salí del carro desorientado me alejé lo más que pude y me tiré, lo último que escuché fue cómo explotó el carro.


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